La creatividad y la expresión artística se consolidan como herramientas clave para fortalecer la salud emocional y mental. Más allá de permitir expresar ideas y sentimientos, el arte también es reconocido como un recurso terapéutico que ayuda a las personas a afrontar distintas experiencias de vida.
En Guayaquil, los Centros de Arte Comunitario ZUMAR Bastión Popular y Plaza Casuarina, junto con sus sedes itinerantes en Parque Puerto Liza y Parque Ferroviaria, impulsan espacios de formación artística abiertos a la comunidad. En estos lugares se dictan clases de canto, canto coral, pintura, danza, teatro, guitarra, danza afro, teclado y percusión, que promueven la educación, la cultura y el desarrollo de habilidades creativas, mientras contribuyen al bienestar emocional de niños, jóvenes y adultos.
Durante la administración del alcalde Aquiles Alvarez, más de 75.700 personas, de entre 7 y 80 años, provenientes de sectores como Bastión Popular, Flor de Bastión, Monte Sinaí, Guayacanes y Mucho Lote, han participado en estas actividades artísticas impulsadas por ZUMAR. Además de fomentar el talento, estos espacios fortalecen la concentración, la atención, la memoria y la gestión de las emociones.
La importancia de este tipo de iniciativas cobra mayor relevancia frente al contexto global. Un informe de la Organización Mundial de la Salud y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, publicado en 2024, señala que uno de cada siete niños y adolescentes de entre 10 y 19 años padece trastornos mentales, siendo los más frecuentes la ansiedad, la depresión y los trastornos del comportamiento. Estos desordenes tratados con un acompañamiento profesional y el arte mejoran la salud emocional.
“Las emociones humanas son muy complejas y estas disciplinas ayudan a canalizar sus emociones según sus estados de ánimo y por medio de ellas, expresar lo que muchas veces no se puede hacer en psicoterapia”, explicó Jonathan Suárez, psicólogo clínico del Centro Polifuncional Municipal ZUMAR.
Entre las disciplinas que generan mayor impacto está la danza, una práctica que conecta el cuerpo y las emociones a través del movimiento y el lenguaje corporal, permitiendo liberar sentimientos como la alegría o la tristeza.
Fernando Arroyo, profesor de Danza Afro, manifestó que “cuando uno está triste, la energía del cuerpo se pone muy pesada y cuando uno está feliz, hay mucha relajación. La danza es un vehículo para poder sacar al exterior todo eso que tenemos guardado”.
Las historias de quienes participan en estos talleres reflejan el impacto de estas iniciativas. Una de las beneficiarias es Shirley Oramas, habitante de Bastión Popular. La joven de 33 años y madre de familia comentó cómo la danza transformó su vida, luego de atravesar un proceso de depresión y ansiedad en el que encontró en esta disciplina un nuevo propósito.
“Con respecto a las emociones nos ha enseñado a tomar las cosas con calma en lo cotidiano, hacer pausas, amar y valorar lo que hacemos y gestionar las emociones con el tema de la respiración consciente”, expresó.
Por su parte, el estudiante Mathías Díaz, de 13 años, señaló que la pintura se convirtió en una forma de expresar sus sentimientos. “En mi casa me sentía deprimido y ahora que estoy en las clases de pintura en ZUMAR, me he sentido más alegre”, indicó.
A través de estos espacios, el arte se posiciona como un aliado para fortalecer el bienestar emocional y contribuir a la reconstrucción del tejido social en distintos sectores de la ciudad.





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