3 de septiembre de 2026

CUANDO LA EDUCACIÓN SE ORGANIZA DESDE CASA: ¿QUÉ CAMBIA PARA LOS HIJOS Y SUS FAMILIAS?

Con la proximidad del ciclo escolar Sierra 2026-2027, las familias ecuatorianas analizan las diferentes alternativas para la educación de sus hijos. Mientras algunas optan por la enseñanza presencial, otras consideran modalidades virtuales, a distancia o educación en casa, una opción que plantea cambios no solo en el lugar donde se aprende, sino también en la organización familiar y el acompañamiento de niños y adolescentes.

El homeschooling contempla distintas formas de organización. Algunas familias desarrollan el proceso de manera independiente, mientras otras recurren a plataformas educativas, docentes, mentores o comunidades que brindan acompañamiento. En todos los casos, la decisión implica definir qué experiencia educativa se busca construir de acuerdo con las características y necesidades de cada hijo.

Una de las propuestas que trabaja bajo este enfoque es Skholé, programa educativo de la Fundación Voluntar, cuyo modelo integra formación académica, desarrollo socioemocional, acompañamiento familiar, vida comunitaria y construcción del proyecto de vida.

En esta modalidad, el hogar se convierte en el punto de partida, pero no necesariamente en el único espacio de aprendizaje. Bibliotecas, museos, entornos naturales, clubes, actividades deportivas, proyectos colaborativos y experiencias de servicio también pueden formar parte de la formación.

Así, una salida puede convertirse en una oportunidad para abordar ciencias e historia; un proyecto colectivo puede fortalecer la comunicación y el trabajo en equipo; y las actividades cotidianas pueden ayudar a desarrollar habilidades para resolver problemas, tomar decisiones y ganar autonomía.

Esta metodología fue presentada durante “Vive Skholé”, una jornada realizada en Quito para que familias interesadas en el homeschooling conocieran de manera práctica la propuesta. Niños y adolescentes participaron en actividades al aire libre, orientación, campismo y ejercicios colaborativos, mientras madres y padres asistieron a espacios de formación en Disciplina Positiva y compartieron experiencias con familias que ya utilizan esta modalidad.

Otro de los cambios está relacionado con el papel de padres y cuidadores. La educación desde casa permite una participación más cercana en las decisiones formativas, facilita conocer los ritmos de aprendizaje y ayuda a identificar recursos y experiencias que pueden favorecer el desarrollo de cada niño o adolescente.

Sin embargo, esto no significa que los padres deban convertirse en profesores ni asumir por sí solos todas las asignaturas. De acuerdo con el modelo de Skholé, las familias cuentan con una ruta educativa, mentores, orientación y espacios comunitarios para acompañar las distintas etapas del proceso.

“En Skholé entendemos que la educación y la crianza forman parte de un mismo proyecto familiar. Los padres y madres no tienen que convertirse en los profesores de sus hijos ni recorrer este camino solos: cuentan con una ruta, mentores y una comunidad que les permite aprender junto a ellos y acompañar cada etapa con mayor claridad”, señaló Fabiola Narváez, directora del programa Skholé.

La propuesta también busca responder a familias cuyos hijos presentan diferentes ritmos de desarrollo, altas capacidades, necesidades educativas específicas u otras circunstancias que pueden requerir una educación más personalizada.

Para las familias que ya forman parte del programa, el proceso también representa una oportunidad para fortalecer los vínculos y conocer mejor las características individuales de cada hijo.

“Durante estos dos años hemos vivido una maravillosa experiencia, comprendiendo mucho mejor la dinámica de educar en casa y lo que implica el aprendizaje como grupo familiar conectado. Nos conocimos mejor en aspectos que antes dábamos por sentado, como el ritmo, los intereses y la forma individual de avanzar de nuestras hijas Amarilis, de 15 años, y Sara, de 11”, comentó Zulema Mantilla Figueroa, madre de familia de Skholé.

La educación en casa tampoco significa dejar de lado la convivencia. En el caso de Skholé, el modelo contempla actividades grupales presenciales semanales, clubes, salidas a la naturaleza, voluntariado, proyectos cooperativos y encuentros entre familias.

Estos espacios buscan que niños y adolescentes desarrollen habilidades sociales, aprendan a trabajar en equipo, establezcan acuerdos y asuman responsabilidades compartidas. Para los jóvenes también existen mentorías y experiencias relacionadas con el autoconocimiento, el servicio comunitario, el acercamiento al entorno laboral y la construcción de su proyecto de vida.

Según cifras institucionales, más de 500 familias y 700 niños y jóvenes han formado parte de la comunidad educativa de Skholé. El programa registra seis promociones y 70 jóvenes que han culminado su proceso educativo.

De esta manera, organizar la educación desde casa implica mucho más que trasladar las clases al hogar. Supone replantear la distribución del tiempo, la participación de la familia, los espacios de aprendizaje y las experiencias que acompañan el crecimiento de niños y adolescentes.

El desafío está en construir una ruta educativa que combine formación académica, autonomía, convivencia y acompañamiento, con el propósito de preparar a cada estudiante para desarrollar su proyecto de vida y enfrentar los retos de su futuro.

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