Quito, octubre de 2026.– La salud mental se ha convertido en un desafío social que afecta especialmente a las nuevas generaciones. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con una condición de salud mental. En las Américas, la depresión y la ansiedad figuran entre las principales causas de discapacidad en este grupo poblacional.
Uno de los principales retos para las familias y los adultos es reconocer cuándo los cambios emocionales y de comportamiento requieren atención. Las alteraciones persistentes del sueño, la irritabilidad, el aislamiento, las dificultades para concentrarse, la pérdida de interés en actividades habituales y la sensación constante de agotamiento son señales que no deberían normalizarse.
En Ecuador, la problemática ha impulsado iniciativas para fortalecer la atención en este ámbito. En 2025, el país promovió el Pacto Nacional por la Salud Mental, orientado a impulsar un modelo de atención más comunitario e involucrar a instituciones públicas y privadas, la academia y la sociedad civil.
Desde Humana S.A., Margarita Barahona, jefa médica, destaca la importancia de comprender la salud mental como parte de la prevención y no únicamente como una respuesta ante una enfermedad.
“Uno de los mayores desafíos es dejar de considerar el agotamiento, la ansiedad o la dificultad para pedir ayuda como algo normal. La salud mental también requiere prevención: reconocer las señales, hablar de ellas y acceder oportunamente a acompañamiento profesional puede marcar una diferencia importante en la calidad de vida”, señala Barahona.
La prevención cobra especial relevancia entre jóvenes y adultos que enfrentan entornos de alta conectividad, presión académica y laboral, así como dificultades para establecer límites entre el trabajo, la vida personal y el descanso.
Frente a este escenario, promover espacios de diálogo, reconocer las señales de alerta y facilitar el acceso a profesionales especializados son acciones fundamentales para fortalecer el bienestar emocional. Abordar la salud mental de manera integral permite avanzar hacia una cultura de cuidado en la que pedir ayuda sea parte de la prevención.


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