26 de agosto de 2026

¿POR QUÉ ALGUNOS CULTIVOS SOBREVIVEN A LA TEMPORADA SECA Y OTROS NO? LA RESPUESTA ESTÁ BAJO NUESTROS PIES

Guayaquil, agosto de 2026. — La capacidad del suelo para conservar agua se ha convertido en un factor determinante para proteger los cultivos, reducir riesgos productivos y fortalecer la competitividad del agro ecuatoriano frente a los efectos del cambio climático.

En la Sierra ecuatoriana, donde agosto y septiembre suelen presentar condiciones más secas, los productores deben prestar especial atención a la humedad de sus parcelas. Según los boletines agroclimáticos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), durante este periodo predominan condiciones de humedad superficial seca y muy seca en amplias zonas agrícolas.

Esta situación puede limitar la germinación y dificultar el establecimiento de cultivos como papa, maíz, quinua, cebolla y diversas hortalizas, además de incrementar el riesgo de estrés hídrico durante las primeras etapas de desarrollo.

EL IMPACTO DE LA PÉRDIDA DE HUMEDAD

Cuando el suelo pierde humedad, las plantas enfrentan mayores dificultades para acceder a nutrientes esenciales como nitrógeno, fósforo y potasio. También puede reducirse el desarrollo de las raíces, la actividad biológica del suelo y procesos fundamentales como la fotosíntesis.

El estrés hídrico puede comenzar antes de que las hojas presenten señales visibles de marchitamiento. Entre las primeras alertas se encuentran un menor crecimiento de nuevas hojas, desarrollo radicular limitado, pérdida de firmeza durante las horas de mayor temperatura, enrollamiento foliar y disminución del vigor de la planta.

La etapa de germinación es especialmente vulnerable, debido a que las primeras raíces se desarrollan en la capa superficial del suelo, una zona expuesta a la evaporación. Un déficit de humedad en este punto puede provocar una emergencia irregular de las plantas e incluso pérdidas.

UN SUELO SALUDABLE AYUDA A CONSERVAR EL AGUA

Frente a los periodos secos, la salud del suelo cumple un papel fundamental. Un terreno con buena estructura, suficiente materia orgánica y cobertura vegetal puede funcionar como una reserva natural capaz de captar, almacenar y liberar agua gradualmente según las necesidades del cultivo.

Entre las prácticas que ayudan a conservar la humedad se encuentran mantener residuos vegetales sobre la superficie, incorporar materia orgánica, reducir la remoción excesiva de la tierra y evitar que el suelo permanezca descubierto.

Por el contrario, la exposición directa al viento y a la radiación solar, la labranza excesiva y los sistemas de riego poco eficientes pueden acelerar la pérdida de agua y deteriorar la estructura del suelo.

De acuerdo con información citada por BASF, la salud del suelo constituye uno de los pilares de la agricultura sostenible. La materia orgánica favorece la infiltración y el almacenamiento de agua, mientras que las prácticas de agricultura de conservación contribuyen a disminuir la evaporación, la erosión y el escurrimiento superficial.

TECNOLOGÍA PARA UNA AGRICULTURA MÁS RESILIENTE

La variabilidad climática también impulsa el uso de nuevas herramientas para mejorar la gestión agrícola. Sensores de humedad, estaciones meteorológicas conectadas, plataformas digitales y tecnologías de agricultura de precisión permiten monitorear las condiciones del terreno y tomar decisiones más oportunas.

En este contexto, la preparación del suelo deja de ser únicamente una tarea previa a la siembra y se convierte en una estrategia preventiva que integra información climática, análisis técnicos y prácticas adaptadas a cada cultivo.

Stephanie Valquinta, gerente de país de BASF Ecuatoriana, destaca que la agricultura actual requiere fortalecer la capacidad del suelo para conservar agua, alimentar las raíces y sostener la productividad durante los periodos secos.

CUIDAR EL SUELO ES PROTEGER LA RENTABILIDAD

Un mejor aprovechamiento de la humedad disponible puede contribuir a mantener rendimientos más estables, reducir la necesidad de riego, utilizar de manera más eficiente los fertilizantes y disminuir costos operativos.

Por ello, BASF recomienda mantener los suelos cubiertos, evitar prácticas que favorezcan la evaporación, monitorear la humedad disponible, implementar estrategias de manejo integrado y consultar información agroclimática para anticipar riesgos durante los meses más secos.

La conservación del agua en el suelo se perfila así como una herramienta clave para fortalecer la resiliencia, sostenibilidad y competitividad del agro ecuatoriano frente a un clima cada vez más variable.

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