12 de septiembre de 2026

¿QUÉ HAY DETRÁS DE LOS ALIMENTOS QUE LLEGAN A NUESTRA MESA?

Quito, septiembre de 2026. El arroz, tomate, papa, maíz o banano que forman parte de la alimentación diaria de los ecuatorianos parecen productos cotidianos. Sin embargo, detrás de cada uno existe una historia de trabajo, conocimiento, inversión y dedicación que puede comenzar meses antes de que el alimento llegue a los mercados y supermercados.

En el marco del Día Mundial de la Agricultura, BASF Soluciones para la Agricultura destaca la labor de miles de productores ecuatorianos que trabajan diariamente para garantizar la producción de alimentos y contribuir a la seguridad alimentaria del país.

CADA CULTIVO TIENE SU PROPIO TIEMPO

El proceso de producción depende de las características de cada cultivo y de las condiciones del campo. Por ejemplo, la primera cosecha de tomate puede darse entre 70 y 100 días después del trasplante; el maíz requiere entre 120 y 150 días; la papa Súper Chola, entre 180 y 210 días; mientras que el banano necesita aproximadamente 32 a 37 semanas.

Pero el tiempo de producción representa solamente una parte del proceso. Durante ese período, los agricultores deben acompañar cada etapa del desarrollo de las plantas, desde la germinación y el crecimiento vegetativo hasta el desarrollo reproductivo, formación del producto, llenado y maduración.

Cada fase requiere condiciones adecuadas de agua, nutrición y protección fitosanitaria, además de un monitoreo permanente.

EL CAMPO EXIGE DECISIONES CONSTANTES

Las condiciones climáticas y del terreno pueden modificar el desarrollo de un cultivo. Factores como la temperatura, radiación solar, altitud, disponibilidad de agua, fertilidad del suelo, genética y presencia de plagas, enfermedades o malezas pueden acelerar o retrasar los procesos productivos.

Por ello, el trabajo agrícola demanda observación y decisiones permanentes. Los productores realizan evaluaciones durante la semana para verificar el crecimiento de las plantas, el estado de raíces, hojas y tallos, la disponibilidad de agua y la posible presencia de amenazas que puedan afectar el rendimiento.

Detrás de una cosecha exitosa se combinan conocimiento técnico, experiencia e innovación, además de una estrecha relación con la tierra.

LA EXPERIENCIA DE QUIENES VIVEN DEL CAMPO

Israel Muñoz, productor maicero de Quinindé, en Esmeraldas, lleva alrededor de 20 años dedicado a la agricultura. Para él, esta actividad se resume en tres palabras: pasión, sacrificio e innovación.

Muñoz destaca que llegar a la cosecha después de preparar el suelo, sembrar y acompañar el desarrollo del cultivo representa una de las mayores satisfacciones para un agricultor.

También señala que cada alimento que llega a la mesa es resultado de un esfuerzo que implica madrugar, trabajar diariamente en el campo, invertir recursos y asumir riesgos relacionados con el clima y el mercado.

El productor eligió el maíz debido a que es un cultivo que permite obtener resultados en un ciclo relativamente corto. Asimismo, señala que desde hace aproximadamente dos décadas trabaja con el portafolio de BASF, que, según indica, le ha permitido obtener buenos resultados en sus cultivos.

SABER CUÁNDO COSECHAR TAMBIÉN ES PARTE DEL TRABAJO

La cosecha no representa el final de las decisiones del agricultor. Determinar el momento adecuado para recoger un producto requiere conocimiento y experiencia.

Aspectos como madurez, humedad, tamaño, color y calibre ayudan a establecer cuándo un alimento está listo para ser cosechado y contribuyen a preservar su calidad, rendimiento y conservación.

“Detrás de cada cosecha hay mucho más que alimento: hay visión, innovación, inversión y el compromiso de quienes asumen la responsabilidad de alimentar al mundo”, señala Stephanie Valquinta, gerente de BASF Soluciones para la Agricultura Ecuador.

La ejecutiva destaca además la dedicación y resiliencia de los productores ecuatorianos y el papel que cumple la agricultura en la seguridad alimentaria, el desarrollo de las comunidades y el bienestar de las futuras generaciones.

Así, cada alimento que llega a la mesa representa mucho más que un producto terminado: es el resultado de meses de trabajo, conocimiento y decisiones de quienes hacen de la agricultura su forma de vida.

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